miércoles, 29 de julio de 2026

El viaje


Con Ariel. Ancestros medievales (Vol. III): El viaje cerramos un ciclo que comenzó hace ya unos días, cuando un arcón familiar abrió la puerta a siglos de historia escondida entre documentos, silencios y preguntas sin resolver. En este tercer volumen, nuestros protagonistas viajan a Granada para consultar a especialistas sobre los últimos hilos genealógicos pendientes —Mundhir, la posible conversión judía en la rama mozárabe, el misterio de un físico sin nombre—, mientras en paralelo avanza, con mucha más urgencia, la búsqueda de Álvaro, el padre ausente de Ariel, cuyo rastro ha reaparecido de forma inesperada en un litigio de tierras en México.

La novela entrelaza, como ya es marca de la casa, dos formas de indagar en el pasado: la paleografía paciente de un archivo de siglos de antigüedad y la investigación urgente de una vida contemporánea marcada por el silencio y la protección. 

Como siempre, un proyecto pensado para acompañar el aprendizaje de la paleografía y la investigación histórica a través de la ficción, con la voz y las decisiones de Ariel como hilo conductor de todo el recorrido.





jueves, 23 de julio de 2026

El hilo

 "Ariel. Ancestros medievales (vol. II): El hilo"

Retomo el proyecto donde lo dejé el verano pasado —otra vez el de la ficción, no el mío—, aunque esta vez la historia ya no cabe en un solo verano. Ariel vuelve al instituto llevando lo que descubrió en el arcón de su abuelo Zacarías, y la investigación genealógica que empezó como una manera de llenar unas vacaciones se convierte, poco a poco, en algo que ya no se puede dejar en pausa entre julio y julio. De ahí el título: el hilo del que se tira, y que ya no se suelta.

Quien haya leído "El cuaderno de Fernando" reconocerá enseguida el mecanismo: documento, transcripción, contextualización histórica, y una conversación entre Ariel y Zacarías que hace de puente entre el papel y quien lee. Ese armazón se mantiene, sigo pensando que es lo que da al proyecto su valor didáctico real —la repetición como método, no como defecto—, pero en este segundo volumen he querido que la estructura respire de otra manera. El tiempo ya no es un verano cerrado sobre sí mismo, sino un curso entero, con elipsis, con vueltas al instituto, con la vida de fuera del arcón entrando cada vez con más fuerza en las páginas.

Y es que esta vez el árbol genealógico no es la única búsqueda. Sin descubrir nada, quien lo lea va a encontrar que la propia familia de Ariel guarda un silencio, uno contemporáneo, no medieval, y que el volumen trenza esa historia con la del arcón de una manera que espero que se sienta natural y no forzada. Me interesaba mostrar que el método documental —contrastar fuentes, aceptar lo que no se puede saber, desconfiar de las conclusiones bonitas que encajan demasiado bien— no vale solo para leer pergaminos de hace seiscientos años. 

He intentado, además, tratar con cuidado un asunto que se ha ido colando en la trama casi sin que yo lo planeara del todo al principio: el paso del tiempo en el cuerpo de quien envejece, y cómo una familia aprende, o no aprende, a hablar de ello. Gestos pequeños, medias verdades dichas con cariño, la lentitud que a veces hace falta imponer a la propia narración para no atropellar a los personajes que la viven. Si el ritmo de este volumen es, en algunos tramos, más pausado que el del primero, es algo natural.

Sigo pidiendo al profesorado que lo use la misma paciencia que pedí la vez anterior: la estructura documental exige paciencia, y no todo el alumnado la va a encontrar igual de estimulante de entrada. Pero creo que este segundo volumen ofrece, además, una puerta de entrada distinta para quien conecte más con lo emocional que con lo estrictamente histórico: la relación entre Ariel y Zacarías, las amistades que se rompen y las que se construyen de nuevo, la manera en que una madre decide, por fin, contar lo que llevaba años callando. El árbol genealógico sigue siendo el eje, pero ya no es el único motivo para seguir leyendo.

La ambición del proyecto ha cambiado. Este volumen deja varias líneas deliberadamente abiertas —una pregunta sobre un posible origen judío converso en la rama mozárabe, entre ellas— que espero resolver, o al menos investigar con más herramientas, en el volumen que vendrá después, cuando la propia trama lleve a Ariel y a su familia a buscar ayuda especializada fuera de las páginas del propio arcón.

Como la vez anterior, pido disculpas por las licencias literarias y por los errores que el texto contendrá, algunos corregidos sobre la marcha gracias a una lectura mucho más atenta de lo que yo solo hubiera podido hacer, y otros que seguramente se me habrán colado sin que los detectara. Agradezco, como siempre, cualquier corrección de quien lea esto con ojo crítico.

Y mantengo, por supuesto, la misma nota de transparencia que abría el primer volumen: la idea original, el proyecto pedagógico y las líneas maestras de la trama son mías; la redacción de los capítulos, la construcción de los linajes y las historias particulares de los personajes medievales se ha hecho, de nuevo, con el trabajo de Claude, de Anthropic, esta vez con un proceso de revisión más cercano al que se aplicaría a cualquier material que se quiera llevar a un aula: comprobando la coherencia interna, cronología, y algunas decisiones de fondo.


Ariel. Ancestros medievales (vol. II): El hilo (descargar PDF)







martes, 7 de julio de 2026

El cuaderno de Fernando

 "El cuaderno de Fernando": una novela genealógica como material didáctico

Llevo todo un verano —el de la ficción, no el mío— acompañando a Ariel, alguien que pasa las vacaciones en casa de su abuelo Zacarías y descubre, en un arcón familiar, un cuaderno genealógico compilado siglos atrás por un escribano toledano del siglo XV. A partir de ahí, van abriendo carpetas, documento a documento, y reconstruyendo la historia de una familia que desciende de varias líneas distintas —hispanorromana, árabe-bereber, judía sefardí y franco-occitana con una rama vikinga— desde el siglo XV hacia atrás, hasta llegar, si el proyecto llega a buen puerto, a los primeros siglos de la Edad Media.

Nació como un experimento didáctico, mezcla de mi interés por la genealogía, por la historia medieval peninsular y por la literatura juvenil. Cada capítulo gira en torno a uno o dos documentos —un contrato, una carta de fianza, un acta notarial, una consulta rabínica— que Zacarías traduce y contextualiza para Ariel, y de paso para quien lea. Es, en el fondo, una manera de enseñar cómo se construye el conocimiento histórico: no como un relato ya hecho que hay que memorizar, sino como algo que se reconstruye pieza a pieza, contrastando fuentes, aceptando huecos que no se pueden llenar, y aprendiendo a distinguir el hecho documentado de la interpretación razonable, por plausible que esta última resulte.

Tengo que ser honesto con quien se acerque a este material: es una obra que puede resultar repetitiva en algunos tramos. La estructura se repite —nuevo documento, nuevo personaje, nueva explicación histórica— y seguirla exige cierta disciplina, la misma que Ariel ejerce con gusto genuino a lo largo de toda la novela, pero que no a todo el alumnado le saldrá igual de natural. Creo, sin embargo, que esa misma repetición tiene un valor pedagógico: interiorizar un método de trabajo con fuentes históricas requiere práctica sostenida, no un solo ejemplo brillante y aislado. Pediría al profesorado que lo use tener eso en cuenta y, quizá, dosificar la lectura en vez de plantearla de corrido.

La ambición del proyecto, de momento, es llegar hasta el principio de la Edad Media —los siglos VI y VII, con los primeros antepasados hispanorromanos y bereberes documentados en el árbol—, y si el tiempo y las fuerzas acompañan, me gustaría en el futuro extender el mismo mecanismo hacia la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, para que Ariel pueda seguir tirando del hilo de la historia.

Quiero pedir disculpas de antemano por las licencias literarias que me he permitido, y por los errores que sin duda contendrá el texto, algunos ya corregidos sobre la marcha y otros que probablemente se me habrán colado sin que los detectara. Es un proyecto vivo, hecho con cariño pero también con las limitaciones propias de compaginarlo con todo lo demás, y agradeceré cualquier corrección o sugerencia de quien lo lea con ojo crítico.

Por último, una cuestión de transparencia: la idea original, el proyecto pedagógico, la premisa y las líneas maestras de la trama son mías; la redacción de los capítulos, así como la creación de los linajes, las fechas y las historias particulares de los personajes medievales, se ha hecho con trabajo infatigable de Claude, de Anthropic. Creo que forma parte también de lo que puede discutirse en el aula, si se quiere, sobre cómo se construye hoy un material didáctico y qué papel puede jugar una herramienta así en ese proceso.


Ariel. Ancestros medievales. I. El cuaderno de Fernando (libro en PDF)